Querida amiga:
Nunca pensé que podría escribir esto.
Estaba de vuelta de todo y necesitaba hacer algo diferente.
Un día, por casualidad, encontré aquella agencia de viajes que tú ya conoces y que hizo que coincidiéramos.
Contraté un viaje a un sitio diferente, lejano, con idea quizás de encontrar algo que no buscaba o que creía perdido, no sé.
En el avión nos sentaron juntas, y con las mariposillas en el estómago por la aventura que comenzaba en aquel mismo instante, siendo completas desconocidas, comenzamos a hablar de nuestras vidas, a reírnos del dolor, a llorar de puro sentimiento.
Claro está, en parte la culpa fue por las doce horas de vuelo que soportamos y por los lingotazos que nos pegamos con la complicidad de aquel azafato gay tan requete guapo.
Al llegar al destino, nos quedamos en silencio.
Creo que a ambas nos daba pena despedirnos pues hacia tiempo que no teníamos ese buen rollo que logramos durante el trayecto.
Cuando salimos de la puerta de embarque, los representantes de los tour operadores estaban captando a sus clientes para acercarlos a sus hoteles.
No sólo íbamos con el mismo tour operador, si no que nos alojamos en el mismo hotel. Ahora pienso en lo maravilloso que puede llegar a ser el destino.
Desde aquel momento, decidimos compartir las vivencias en aquel peculiar país.
Y nos hicimos inseparables. Siempre juntas. Tú, adorablemente inquieta e incansable, te levantabas temprano para estudiar la ruta que íbamos a hacer ese día, y yo , imperdonablemente perezosa, me levantaba y te descubría ensimismada entre mapas y folletos.
Yo me dejaba guiar y tú me contabas historias de cada rincón que explorábamos, con tanta pasión, que me importaba un bledo si eran verdad o habían sido previamente gestadas por tu bulliciosa imaginación.
Una tarde, ya en el hotel, con los pies reventados de desgastar suela, fui a ducharme.
Al salir, estabas tirada en la cama, zapeando, intentando encontrar algún canal entendible a nuestros oídos.
Me despoje de la toalla y me empecé a embadurnar de crema hidratante, como tenía costumbre.
Entonces, me miraste muy seria.
Hasta aquel momento no había visto ese gesto en tu cara y te pregunté qué te pasaba.
- Tápate, haz el favor. – Me soltaste con desagrado.
- Qué pasa, te escandaliza ver dos tetas?. No sabía que fueras tan puritana.
- Cállate, tú qué sabrás.
- Sólo sé que esta es mi habitación y si te molesta algo, piérdete.
- Si, creo que es hora de que me marche.
Cuando tenías la mano en la manilla de la puerta te agarré por el brazo.
- Qué te pasa? Qué te ha molestado?- Te interrogue, tratando de ser comprensiva.
- Maldita sea! Soy lesbiana y no quiero que pienses que te miro con lascivia.
Me quedé parada sin saber qué decir. Creo que en parte me avergonzó el haberme mostrado ante tí.
- No vamos a darle importancia, vale? Te aprecio como amiga. El resto, procuraré no molestarte.
- Gracias, no estoy acostumbrada a esto, normalmente las chicas se sentían incómodas ante mi presencia y trataban de ocultar su cuerpo. En la clase de gimnasia o en el equipo de balonmano.
No sentí otra cosa que abrazarte, me parecía tan cruel ese rechazo. Tú eras tan maravillosa…
Después de aquello creo que nuestra amistad se hizo aún más profunda.
Aventurera y a lo mejor incosciente, me llevaste a practicar casi todos los deportes habidos y por haber; descenso de cañones, paseo a caballo, viaje en globo…
Pero lo peor fue cuando a una torpe como yo sé te ocurrió llevarla a hacer surf.
Hasta el momento me sentía realizada y capaz de comerme el mundo por haber hecho todo aquello que jamás lo hubiera intentado por mi misma, así que cuándo me planteaste ir a coger olas me vi con fuerzas de intentarlo.
Craso error.
Una de las veces, el oleaje me hizo caer de la tabla en la que a duras penas me mantenía en pie, golpeándome un pómulo.
Me dieron tres puntos de sutura.
Magullada por fuera y sobretodo por dentro, nos fuimos a cenar a un pequeño restaurante con mesas bajo el cielo raso plagado de estrellas.
Me miraste con cara de pena y acariciarte mi rostro maltrecho.
- Lo siento, ha sido culpa mía.
- No te preocupes, soy una torpe sin remedio , nadie tiene la culpa.
Me sonreíste. Qué guapa estabas bajo aquella luz.
- Ahora debo cuidarte. Es mi deuda contigo.- te acercaste y besaste mis puntos.
Yo alcancé a respirar el olor de tu cuerpo a frutos tropicales. Y cerré los ojos. Quería que siguieras ahí, tan cerca… y nos besamos. No recordaba un beso tan suave y dulce y a la vez tan embriagador y excitante.
Después de ese, no supimos parar, a pesar de nuestras risas nerviosas y las miradas avergonzadas.
Aquella noche descubrí tu cuerpo. El mismo que había visto cubierto con un minúsculo bikini fucsia que resaltaba tu moreno.
Pero ahora me provocaba devorarlo con mis labios.
Mis manos recorrieron cada poro de tu suave piel, explorando tus infinitas curvas y desniveles.
Tus pechos, descendían y ascendían aceleradamente con cada respiración y al pasar mi boca por ellos notaba su excitación.
Tu vientre terso, enmarcado en las caderas me hacía perder la razón y seguir más allá dónde me esperaba tu sexo húmedo y deseoso de mi lengua.
Te abrí las piernas y gemiste de placer al sentirte descubierta cual fruta en su punto de dulzor.
Seguí descendiendo por el camino seguido y descubrí tu monte talado y raso a la vista.
Estabas muy fresca y el olor incitaba a probarte.
La primera vez fue solo un lengüetazo rápido que te hizo gritar y retorcerte de placer y luego vinieron más y más hasta que te vi lista para poder entrar en tu cuerpo.
Me pediste que parara.
No entendía nada.
- No te estaba gustando? Qué pasa?
Y es cuando te colocaste al revés para poder darnos placer a la vez.
No sé qué fue más excitante si el sentirte en mi cuerpo o el ver cómo el tuyo se estremecía.
Cuando estábamos a punto de llegar nos metimos los dedos. Tu interior era cálido y suave. Con cuidado comencé a moverlos mientras seguía jugueteando con mi lengua hasta que noté los espasmos de tu vajina.
Al sentirlos me corrí y tras esperar unos segundos la sensación, nos abrazamos fuerte y nos besamos muy despacio.
Creo que fue el mejor orgasmo hasta el momento de mi vida.
Después vendrían muchos más. En la ducha, en el ascensor, en el avión de vuelta, y aún hoy no me canso de follar contigo.
He descubierto que eres lo que he estado buscando toda mi vida.
Mi amiga, mi alma que me abriga en las noches frías, a veces mi bufón, mi cuerpo del deseo y la perdición.
Qué caprichoso es el destino. Y es que nunca pensaría que estaría tan perdidamente enamorada de alguien como tú por el hecho de ser mujer.
Te quiero mi compañera e intentaré que me sigas mirando como aquel día en el que besaste mi herida y me hiciste perder la razón.
A mi me vale... Buen trabajo. Realizas la tarea encomendada sobradamente, cuentas una bonita historia de amor con su necesario toque de sexo.
ResponderEliminarLo negativo: algun fallo gramatical y que la historia queda un poco "light" porque al ser un relato corto pasa por encima de ciertas cosas. A mi personalmente me hubiera gustado saber como surgió la chispa (soy un romantico)
Gracias Kobbe yo espero con ansias las vuestras jajjaja
ResponderEliminarPues a mi me ha gustado mucho esto. Siento que se dio muy natural la relación. Me imagino algo así como un rayo de luz de sol que se filtra entre las hojas de los arboles para calentar la hojarasca, y que con el paso del tiempo, en una de tantas, la temperatura llega a tal grado que comienza a arder, porque tenia que, lo que tenia que, arder. ;P
ResponderEliminarJejjeje ainnnsss no sabéis leer? La cosa ardió durante la cena! 🤦
EliminarVeo que eres tú, amiga Mery, quien no me entendió. Face palm!
EliminarNo es exactamente una carta, pero como la otra pasa con buena nota, esta queda como entrante.
ResponderEliminarUmmm, lo que tú digas jefa, pero yo hice una carta 🤣🤣 tiene guasa, está tiene más sexo y os pone la otra🙄
Eliminar