martes, 12 de mayo de 2020

El fin de Florín


Delfina llegó a casa con el rostro pálido y la razón fuera de lugar. Sin dar explicaciones ordenó, a todos, con el poder que da la determinación, no dar un chapuzón más en la piscina.
Florín, su hijo de cinco años, que se encontraba aprendiendo a nadar con sus primos, se negó, con los brazos cruzados, a salir del agua. La escena que se montó para sacarlo a la fuerza marcó un antes y un después en la vida del chico.
Advertido y amenazado por su madre, Florín creció con el pánico en su interior. Gestó tan profundo temor hacia el agua que llegó a afectar a su carácter. Taciturno, empezó a mirar a la gente con los ojos entornados; con la boca apretada, y los puños cerrados.
Los días de verano pasaban lentos, sofocantes. Cada noche aparecían las pesadillas y Delfina perdía el sueño por culpa Lola, la pitonisa que, una y mil veces aparecía delante de una bola con la visión de una desgracia.
—Veo un seis, espera, hay algo más. —dijo, con la mirada puesta en un futuro incierto.
—A ver Lola, yo vengo a preguntar por la infidelidad de mi marido ¿qué ocurre?
—Un giro en tu vida. Debes extremar las precauciones. El agua. Que nadie se acerque al agua.
Delfina odiaba el verano con locura, no se cansaba de advertir a su hijo de cada peligro que acechaba, pero, Florín se había vuelto un trasto. Cazaba hormigas, ranas y culebras de agua. Un día entró por la puerta con una serpiente enroscada a su brazo.
— ¿Madre, sabe usted si esta serpiente es venenosa?
— ¡Me matarás a disgustos! ¡Niño, esos bichos son peligrosos! —gritaba la madre como loca al verlo.
A pesar de los sufrimientos que su hijo le daba, Delfina veía crecer a Florín. Cada año era una prueba superaba. Jubilosa, pensaba que la parca le estaba perdonando la vida. Sabía que tarde o temprano las brumas de la muerte acabarían por llevarse a su pequeño demonio, pues, Lola se lo había dicho.
Aunque aquella predicción apareció como una sombra que lo acompañó por siempre oscureciendo su adolescencia hasta bien entrada la madurez, Florín cumplió veinte años y su madre celebró una gran fiesta por varias razones: porque había burlado la premonición de la pitonisa. Y porque el niño seguía en la tierra.
Delfina sintió gran satisfacción. Florín se hizo mayor. Le dio nietos. Ya podía morir tranquila sabiendo que lo había salvado de morir ahogado, aunque en su herido fuero interno, en más de una ocasión, lo habría cumplido con sus propias manos, porque desde niño se volvió malo.
Pasaron los años y todo quedó en el pasado, olvidado. Hasta que la esposa de Florín, cansada de los miedos de su esposo, le propuso poner fin a aquel sufrimiento. Ese mismo día tenía cita con una prestigiosa psicóloga para tratar su hidrofobia. Después de unos meses de tratamiento, Florín se sintió con fuerzas.
Una calurosa tarde de verano, Florín se dio un baño en su piscina como venía haciendo desde que superó el pánico. Disfrutando del agua, sin saber porqué, por su mente pasó, como una aparición, su madre con la cara blanca gritaba: ¡sal del agua, malnacido! A Florín se le acabó el tiempo, también se le detuvo el corazón a los 66 años de edad.
Su esposa advirtió  que su marido flotaba sobre el agua más tiempo de lo normal. Lo hacía con frecuencia.
Quien iba a pensar que no se estaba haciendo el muerto sino que se había muerto de verdad.

12/05/2020



6 comentarios:

  1. Un poco larga la historia. Aunque eso sí, bien contada. Y el miedo, que era requisito, también estuvo presente. Me pregunto que dirá la maestra Despeinada.

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    1. El texto no pasa de 600 palabras. Recortar el cuento se pude, pero cambia mucho.

      Gracias DonDiego por pasarte y comentar.

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  2. Qué miedo de madre.Me parece justificado, pobre Florin. Me ha parecido interesante como todos abordan los miedos de los niños. Fíjate en el último párrafo.

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  3. Verdad que sí? Unos nos meten el miedo en el cuerpo, otros nos ayudan a superarlo y a la mayoría les importan poco o nada nuestro miedo.
    Saludos,Gi.

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  4. Uy qué final tan drástico. Pobre Florín pero es q con ese nombre ya lo sentenció la petarda de su madre. Parece una mininovela. 👍

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  5. En cambio a mí se me hizo corto. Me quedé con ganas de que desarrollaras más el miedo de Florín y cómo se transformó su carácter.
    Lo único que no me acaba de encajar es la parte de la esposa y la terapia.

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