sábado, 30 de mayo de 2020

Pangolín y Papaya 12

- Ahora resulta que es obligatoria la mascarilla – dice Papaya indignadísimo.
- ¿Y qué pasa?
- Un año llevando el aparato en la boca para nada. Así no puedo lucir mi sonrisa con sus perfectamente alineados dientecitos.
- Pues a mí me gusta, todo lo que sea tapar cara me viene bien.
-¿Y lo de la distancia social y mantenerse a dos metros? Yo soy latino, necesito tocar a la gente, abrazar, reír, bailar...
- Pues yo estoy encantado, ya era un antisocial ante de todo esto, mi desprecio hacia el resto de la humanidad me viene de largo… Solo falta que prohíban follar y me convierto en un ciudadano ejemplar.
- ¿Por cierto Pangolín... ¿hace cuanto que no haces el amor?
- ¿Qué hace una abeja en un gimnasio?
- No lo sé, Pangolín.
- Zumba


miércoles, 27 de mayo de 2020

Al Filo del Caos


  
No sé como contar la cosa. Que conste que cada uno puede pensar lo que quiera amparándose en la libertad de pensamiento.  

   Ayer recibí un mensaje de WhatsApp. Era un antiguo amigo amante de las artes y rarezas del mundo. Al leer su nombre recordé viejos tiempos. El chico, ya no tan chico, era una especie rara en su género. Entretenía al grupo con su fantástica imaginación. Lo llevábamos al cine y él solito se montaba otra película de la película. Pasábamos la noche de sábado sin dormir oyendo al profeta del demonio. Así lo apodábamos. En serio, nos gustaba oír sus rollos. El chaval era todo un artista inventando historias apocalípticas.

    El mensaje me trajo buenos recuerdos. Me invitó a un café. Acudí a la cita con el mismo entusiasmo de años pasados.  Al verlo supe que el tiempo había dado un salto mortal.  No voy a hablar del cambio físico de Bernardino. 

   Nos sentamos en la terraza del bar con una distancia entre él y yo de dos metros. El camarero acudió a la mesa para tomar nota. Llevaba una mascarilla FFp2, la escafandra de plástico, guantes de látex, y un delantal que le tapaba la parte delantera del cuerpo. Por detrás iba desprotegido, casi desnudo. Bernardino lo miró, después, me miró y soltó una carcajada. No sé qué se le pudo pasar por la cabeza llena de hebras de pelo blanco.  

—¿Qué te trae por la ciudad, Bernardino? —pregunté con mucho interés. 
—Estoy de paso. Sé que escribes. Vengo a darle la noticia de tu vida. Voy a traducir lo que dice Luxi, el maligno, en un banner casi inaccesible, algo invisible, pero evidente, leí que anuncia, al filo del final, la guerra al mundo y a sus enemigos —dijo entusiasmado—. Nadie escapará del caos que está cerca. La destrucción habitará en todos lados. Edificios, ciudades, los pueblos y sus casas. Llenará sus dominios de miseria, infidelidad, infelicidad y odio. La maldad invisible besa a todo aquel que niegue la presencia de Luxi y de sus amigos caos y destrucción. La injusticia abre sus ojos para mirar desde las sombras. Los vientos destrozarán los cultivos. Imposible salvar posesiones. Los inocentes son culpables. Los culpables son amigos. Nada nuevo. Conocido por todos. Los amigos son estirpe de Luxi y morir no es tan malo como parece. 

    Yo miraba a Bernardino con cuidado de no dar evidencia de lo que se me pasaba por la cabeza. Miré la taza de café, tomé un sorbo, lo dejé caer garganta abajo con todo el dolor que da el líquido caliente quemando la lengua.  Del calor me olvidé cuando la bola de fuego llegó al estómago. Ahí le perdí la pista. Anulado el paladar se me fueron las ganas de seguir allí. Mi malestar creció al notar que mi lengua seguiría cocida un buen rato más. Quise salir corriendo. Pero me mantuve firme. Eso sí, cambiando de postura en la silla cada tres segundos. Aguanté el chaparrón. Me di cuenta que el pasado hizo mucho daño.

— ¿Quién es luxi?
—No te das cuenta de que Luxifer nos quiere. Desea tenernos dentro de su infernal reino. —Concluyó su discurso.
—¡Vaya! Por cierto, Bernardino, podrías dedicarte a escribir guiones de cine —dije por decir algo—. Estaría bien. Estoy alucinando. 

27/05/2020


Pangolín y Papaya 11

- ¿Tú crees en los ovnis?
- ¿A qué viene eso Papaya? - le responde Pangolín sin prestarle mucha atención mientras devora una bolsa de hormigas concentrado en la televisión. Por nada del mundo se perdería “Gran macho”, el reality donde un grupo de hombres compiten por ver quien hace el mejor cuchillo y luego se rasuran todo el cuerpo con él.
- Es que el otro día un amigo me mandó un video de un objeto que estaba en el cielo, como una luz que parecía una nave.
- Eso son chorradas… - cuando por fin acaba el programa, Pangolín vuelve a la conversación - ¿no te he contado que una vez tuve contacto con un ovni?
- ¿Cómo?
- Fue hace tiempo. Iba yo con el coche por un carreterilla de mala muerte a buscar a una novieta que tenía por aquella época. Era noche cerrada y de repente un potente haz de luz me cegó por unos segundos. Esos instantes se me hicieron eternos, tuve que frenar el coche y solo era capaz de escuchar un potente zumbido a mi alrededor. Cuando mis ojos se adaptaron a la claridad pude ver una especie de aparato, como una sombra sobre mi cabeza. Tan rápido como vino se fue dejándome solo en medio de la nada, pero me dio tiempo a distinguir que era negro y enorme.
- Alucinante Pangolín
- ¿Y tú has tenido una experiencia parecida?
- ¿Qué si alguna noche he visto un aparato negro inmenso? Si, alguna vez…
- ¿En serio? ¿Tú también has tenido un contacto con los marcianos?
- Creo que no me has entendido…
- ¿Cómo? – pregunta Pangolín confundido hasta que entiende por donde va -  Papaya ¿te sabes el del niño que se mea en la cama?
- No, Pangolín.
- Doctor, doctor ¿Qué puedo hacer para que mi hijo no se mee en la cama?
Y el doctor le contesta: Pues que duerma en el suelo…

martes, 26 de mayo de 2020

los peligros de pedir kiwi

Si han tenido un infarto, han estado a punto de ahogarse, o sufrido una operación a corazón abierto posiblemente ya nos hemos saludado. No se preocupen, hoy no vengo por ustedes, tuve un mal día y necesito un trago. 

¿Ven el cadáver de allá? Si, el del gordo con la camisa medio abierta debajo de la mesa de las frutas con la lengua afuera y un balazo en la frente. Para que sepan, no planeaba matarlo. Pero el muy cabrón se atravesó disque para salvar a la rubia. Le tocaba estirar la pata en unos 30 años... pero el galán es el único idiota que se ofrece a cortar un kiwi para la rubiecita de vestido rojo que está tirada detrás.
¡Cortar un kiwi lo más de campante mientras un psicópata les apunta con una pistola! Todo por coquetearle a la peliteñida. Bah, los muchachos de ahora no tienen miedo ni respeto por nada. 

Ah, la rubia, Cierto. Las chicas guapas como ella están acostumbradas a que les den lo que quieren. Y esta quería el puto pedazo de kiwi para seguir la dieta. No se le ocurrió tragárselo más tarde en casa, no. Tenía que entrar a ver todos los kiwis de la cocina para revisar que fueran orgánicos, tomarles foto y poner el hashtag de vida healthy en instagram e ignorar la declaración de fan empedernido del pobre gordo, y claro, tenía que tomarse la foto con el  cocinero porque a estos restaurantes solo se va una vez en la vida. Aunque no estaba en la lista, esa rubiecita sí que debía morir... Por el bien de la humanidad.
 El problema fue que los tiempos no se dieron, y cuando el cocinero estaba flambeando el churrasco con whiskyy la loca esa fotografiaba para sus redes se me atoró la toga y acabé empujándolo contra el fuego.  Gajes, del oficio, dicen por ahí. 
Luego llegó el mafioso, uno de esos trabajos que se solucionan solos. Tampoco tenía planeado matarlo, le tocaba en un año. Pero estaba hambriento, llevaba una hora y media esperando.  Cuando entró a la cocina y vió a la rubia tomando fotos con el gordo y el churrasco abandonado como un pedazo de carbón le entró rabia. 
-  Es que aquí solo atienden bien a las tetonas?- dijo, mientras sacaba la calibre 36 y le apuntaba la pobre mesera que comenzó a gritar y temblar como loca. 
- es que... Se murió el chef, ssseñor.
El primer tiro no le dio a ella que salió corriendo y se salvó de milagro.... Eso fué lo único que hice bien en esa noche. De resto las cosas se pusieron feas cuando el latino que lavaba los platos también intentó dárselas de luchador para salvar a la mesera y acabó agarrando al matón por el cuello. Eso tampoco resultó como lo planeaba... Cuatro balazos a quemarropa. Uno al de la escoba, otro al asistente del cocinero, otro al de los domicilios y uno en un talón a una vieja incauta que salía del baño y también se salvó, más por accidente que por designio...
La vieja se arrastró de regreso y le contó al nieto policía... 
De ahí para arriba, se jodió todo. Tuve que trabajar más de la cuenta y nunca me sirvieron la ensalada de frutas con profiteroles, ahora me dañaron el feriado por culpa del puto kiwi y me toca llevar a este montón de chiflados a las filas del purgatorio. Bah, la vida tiene un sentido del humor extraño.

lunes, 25 de mayo de 2020

Sábado

Y llegó el fin de semana.
Me tocaba llevar el coche y a los colegas no se les ocurrió otra brillante idea que ir a aquella discoteca de mala muerte a la que yo odiaba, pero claro, el Barci tenía ganas de pillar y decía que ese era el mejor sitio.
Y yo sin poder tomar ni un sólo trago. Por lo menos, todo moñas, se me haría la noche más amena,… en fin, todo por los colegas, no?

El barci y el drogas llegaron puntuales. Arreglados como pinceles me esperaban en la parada de bus. Yo no me esforcé ni media. Pasaba de disfrazarme para pasar desapercibido en ese pijerio. Me daban náuseas pensar en la noche q me esperaba.

- Qué, también os habéis echado colonia en los huevos?
       No se va a ir el tufo del coche en un mes. Si se esto, os vais en el bus.

- Tío, no seas rancio, que hoy follamos fijo. Esas mojigatas están deseando tíos como nosotros y no esas mariconas depiladas q les rondan.

- Poneros los cinturones capullos que no quiero que me multen los picoletos.


Nada más acomodarse en el coche, el Drogas ya estaba liado con sus polvos. Desgraciao.

Llegamos y el ambiente era un ir y venir de niñas monas luciendo carnes y de repeinados de solarium.

- Qué coño pintó yo aquí?

Al fondo se veía el parking. Enseguida vi un sitio para aparcar pero un retrasado con coche maqueado me adelantó quemando rueda y me quitó el sitio.

-Serás hijo de puta?

Aparqué detrás de su coche y me bajé jurando y de muy mala baba.

- Eh tú, listo, ahí iba a aparcar yo
- Me hablas a mí? Eso es lo que ibas a aparcar?

Tres maromos más bajaron del coche fantástico.

El Barci se puso a mi lado.

- Quitar el coche de ahí o mañana te más a encontrar un amasijo de mierda.

- Tienes ganas de comerme la polla verdad?

- Bueno, bueno, si echas para atrás te dejamos el sitio. Ha sido un malentendido.

Barci y yo nos miramos perplejos y nos montamos en el coche para moverlo.

El Drogas se partia la caja en el asiento de atrás.

- Tío, de que te ríes? No entiendo nada

- Vosotros no tenéis un viejo madero.

Mientras decía esto, enseñaba un revólver.

- Eres gilipollas, dónde vas con eso?

- Va, tranqui, está descargada, pero esas nenazas se han cargado al verla.

Todos empezamos a reírnos.

- Puto Drogas!

Entramos a la discoteca. La música era terrible. Mi cerebro se encogió por momentos.

Decidí tomar un pelotazo para aguantar la situación. Total, para cuándo nos fuéramos ya se me habría pasado el morón.

Barci en seguida divisó dónde atacar y nos llevó a la pista de baile.

- Barci estás loco? Yo me piro de aquí. – Le decía acercándome a su oreja a grito pelao.

- Qué no tío, que debemos estar aquí, mira, mira esa de las tetas grandes. Voy a por ella.

Me giré buscando al Drogas sin encontrarlo hasta que lo divisé a lo lejos camino de los vateres.

- Veo que te has quedado colgado.

- Eh? - Miré hacia abajo. Una chica menuda trataba de decirme algo y agaché la cabeza.

- Qué te han dejado tirado.

- Ah, si! Estos mamones. Estos no son amigos encima que les he traído en mi coche…

La menuda era rubia platino con el pelo rizado que le llegaba a los hombros y sus ojos parecían ser de color claro. Seguro que fue la típica niña repipi de lacitos y vestidos de encaje.

Decidí seguir su conversación, no me apetecía mucho que me hablara de sus bobadas snob pero mi otra opción era  pudrirme de asco en una esquina.

Pasó un rato y no había ni rastro de los colegas.

- Bueno rubia yo me piro, ya estoy cansado de esta mierda.

- Me llevas? Te pilla de camino.

- Ah! Bien, vale.

Vivía un par de pueblos antes del mío así que no me costaba nada acercarla.

Fuimos al ropero, recogimos los abrigos y salimos a la calle. Hacia frío. Me subí la cremallera del plumas mientras me fijaba en el abrigo rosa chicle de peluche que llevaba la menuda. -Oh por favor, que hago yo con esta tipa-

Nos montamos en el coche y tomé la dirección de vuelta. Ya era suficiente por hoy, necesitaba descansar y olvidarme de esta noche tirada a la basura.

Cuando llevabamos un rato, la menuda se quitó los zapatos. Hasta ahora no me había dado cuenta de los tacones que llevaba, sin ellos sería tamaño llavero, pensé. Luego la miré.

- Tiene que ser un coñazo andar con eso.
- No te creas una se acostumbra sobretodo si eres tamaño tapón.

Me hizo gracia su chiste y solté una carcajada.

- Umm, perdona, no quería reírme de ti, es q me ha hecho gracia y …

- No tienes que disculparte.
Conforme decía eso noté que se metía las manos debajo del vestido.

Pensé, - qué ordinaria la rubia rascándose el higo delante de mí.

Y sacó sus manos enredadas en un trozo de algo negro.

- Ahora ya estoy cómoda- dijo lanzando a la parte de atrás lo que parecía un tanga negro.

Noté una erección instantánea. Comencé a pisar el acelerador y a fijar mi vista en el infinito de la oscura carretera.

Ella soltó su cinturón  de seguridad, se acercó, me desabrochó el pantalón y me bajó la cremallera.
- Levanta el culo del asiento – soltó afanosa, tratando de bajarme la ropa hasta las rodillas.

Estaba paralizado, solo pensaba en el camino que debía seguir y que me sabía con los ojos cerrados.

Me apartó el brazo del volante y se me subió encima. Al ser tan pequeña seguía viendo la carretera mientras ella comenzó que menearse.

Trataba de concentrarme, a duras penas, pero el acelerador seguía incrementando la velocidad .

Sus manos me recorrían el pecho y su lengua no paraba de resbalarse por mi cuello.

Qué bien se movía la jodida!

Iba a reventar. Me salivaba la boca pensando en comerle las tetas. Solté el volante y metí la mano por debajo del vestido tocando su redondo culo.

Tuve que dar un giro brusco y decidí volver a coger el volante con las dos manos.

Estaba a punto de correrme, me daba igual si ella iba a llegar o no, necesitaba acabar y quitarmela de encima.

La curva a la izquierda! Me olvidé de la curva! Empecé a correrme y mi reacción fue pisar el acelerador hasta el fondo, lo que hizo que el coche siguiera una trayectoria en línea recta saliendo disparado de la carretera. El coche volaba mientras rugía el motor sobrerevolucionado.

Creo que siguió volando mucho rato, no recuerdo que tocara el suelo.











Un autobús azul


«¿Recuerdan esos pósteres que decían: “Hoy es el primer día del resto de tu vida”? Pues eso es cierto salvo en una ocasión: el día en que te mueres».



Así comenzaba Lester Burnham a narrar sus últimos momentos. Ella había visto la película, incluso tenía uno de esos colgado en la pared de su habitación, frase en linda tipografía con serifa sobre paisaje difuminado, pero seguía yendo por la vida como si fuese eterna, esto es, era un zombie inconsciente, una boba descerebrada, una autómata programada para la rutina.
Se levantó esa mañana con el pie derecho, preparó café, se metió en la ducha. Llegó diez minutos tarde, exactamente igual que siempre; la constancia era importante aunque se tratase de un defecto. Así se forjan las personalidades.
La bronca del jefe se había convertido en un clásico, algo que les resbalaba a los dos y de no producirse, crearía malestar, un cierto vacío que no se podían permitir. Le pasó la lista de visitas, había unas cuantas programadas para antes de comer pero nada extraordinario. Se metió en el coche, encendió el motor, recorrió la lista con el dedo en un movimiento de zig zag. Dolores Martínez, Jesús Soto, Sr. y Sra. Gutiérrez, Laura del Río. Esta era nueva, le llevaría un tiempo extra puesto que no conocía bien esa zona y la dejó para el final.
El matrimonio Gutiérrez estaba insatisfecho. Dedicó media hora más de lo previsto a explicarles los detalles que no entendían. Al salir de la casa, le dolía la cabeza. Esa tensión cervical de nuevo. Paró a comprar un café helado, mientras buscaba la siguiente ruta. Ni reparó en las nubes efervescentes, la vista cada vez más pendiente del reloj. Estaban a finales de Agosto, el calor y la sequía carcomían las superficies reduciéndolas a polvo que el viento movía de aquí a allá para depositarlas luego como una pátina.
Tampoco vio el primer rayo, atenta a las instrucciones del GPS. Y entonces empezó a llover. Para cuando se dio cuenta, era tan tarde como a tiempo, todo dependía de la perspectiva. El cruce, el autobús, la dirección bloqueada, los frenos que convertían las ruedas en esferas estáticas precipitándose a 90 km por hora hacia ese autobús. Era un autobús azul.
Sin saber por qué, pensó que era irónico. Pensó también en lo absurdo de ese mismo pensamiento. Y pensó en muchas cosas más, todas juntas y a la vez separadas. El tiempo se había vuelto loco o en verdad era cierto eso de que no existía. Y por encima de todo eso, se alzó la verdad verdadera: iba a morir.

La mente se calló de pronto. Experimentó un descanso como nunca había sentido y cerró los ojos.


(Les dejó además un temita para amenizar la lectura:)

https://www.youtube.com/watch?v=qEsfIoOZoqQ

domingo, 24 de mayo de 2020

Magda


¿Y tú sabes por qué es que la vida te eligió a ti?

Como todo tedioso día, Magda, cogió el autobús hacia el trabajo. El sudor a sobaco peludo, a pies de señora gorda, y el fastidioso chillar de un par de niños berrinchudos le hizo desear bajar, volver a casa, meterse en la cama, y comenzar a tocarse los labios mientras soñaba despierta con aquel hombre de sus sueños. Camino hacia su asiento imaginó a detalle, su trabajado torso, su ancha espalda, su barba, sus firmes y venosos brazos, así como a esos encantadores ojos negros llenos de... Un brusco salto de tope la trajo de vuelta a la realidad, haciéndola sentarse torpe y súbitamente. Frunció fuerte el ceño a penas se logró acomodar, a la par que mentalmente soltaba una peste al obeso conductor.

—Otro día más de la misma mierda. Sí, estoy segura, esta monotonía acabará matándome —Se dijo a sí misma mientras sacaba su celular del bolso. El cual usaba no para ver las noticias o notificaciones de sus amigos y, o conocidos, sino para usarlo de espejo. Después de todo, hacia tres días no servía.

Al inspeccionarse la boca notó que había un grande y muy notorio residuo de comida en ella, y algo más... ¡Me lleva la que me trajo! ¡Mis dientes, mi cara! ¡Por dios, qué facha! No debí tomarme esa siesta, pero es que fue tan, pero tan rica… Observó izquierda y derecha. Nadie observando. Con rapidez, y cierta pena, se limpió los caninos y esa larga mancha de saliva que le cruzaba la mejilla y le llegaba al oído con su manga. Ya decía yo que sentía cierta rigidez en el rostro. Diablos, que vergüenza… Continuó inspeccionado su cara y embelleciéndose a mano. Mmnh… Esa cana y ese granito son nuevos, se decía mientras se arrancaba ambos. Al cabo de un rato, tomó confianza y se ajustó el sostén. Metió la mano en la blusa y acomodo mejor las suaves y abundantes piezas que no encajaban en el tamaño incorrecto de la prenda. Así siguió arreglándose hasta que, por mera casualidad, al observarse de nuevo en el espejo, observó que en la parte izquierda superior de su celular había un par de ojos sonriendo. La ¨sonrisa¨ pertenecía a un joven bastante alto, no mayor a los 28. Ella respondió con una nerviosa sonrisa forzada y comenzó a moverse con detenimiento. Guardó su espejo de manera robótica y desvió un poco la mirada. ¿Cómo rayos es qué lo pasé desapercibido cuando me senté? ¿Estaba él recostado y por eso no lo vi? Creo que mejor me bajo en la siguiente parada…

Un minuto después percibió movimientos en el asiento trasero. Se va a bajar, se dijo. Mejor para mí. Se alivió. Lo vio levantarse sin ella mover los ojos, caminar, y volver a sentarse, sólo que, a su lado. Sintió algo frío recorrerle la nuca y la espalda; hasta donde esta dejaba de serlo, cuando se dijo: ¿Y a este tarado que mosca le ha picado? Trató de mantener la calma, y pasó a usar su vieja confiable; la inteligencia emocional. Le funciono, a pesar de que le dolía un poco el corazón. Nunca fue buena con los hombres, contrario que a con las mujeres, con ellas siempre le fue de maravilla, sea quien fuese, nunca lograba no conectar. Aguantó todo lo que pudo su Póker face, hasta que sintió una repentina y fuerte presión en la mano. Se la habían tomado. La observó, grande, tersa, cálida y con un tatuaje de ángel en ella. Después de perder 0.44 segundos observando esa enorme mano que la envolvía, y de ver esas limpias y rosadas uñas delgadas, levantó la mirada hacia él, y se aturdió. No por su cara de niñote andrógino muy bien parecido, que la miraba fijamente, o por esa encantadora voz que le hablaba —pero que no comprendió ni una sola palabra—, o por su largo cabello castaño, y bien bronceada piel, y, o, por ese ridículo pendiente en forma de signo libra, si no, por lo que había más allá, más allá del asiento contiguo, más allá de la venta del autobús. Sí, por esa cosa, por esa espantosa imagen que se le quedó grabada en la memoria para siempre: El frente de un enorme camión acercándosele a una velocidad mortal. Un segundo después. Se imaginó ser un saco de papas siendo brutalmente zarandeado. Las pupilas se le inundaron de continuas y entrecortadas diapositivas; congeladas en un nanosegundo con caos, seguidas de bruscos intervalos de absoluta oscuridad y fuerte luz. El universo había decidido girar a su alrededor de manera errática y rabiosa por segundos que parecieron ser siglos, hasta que todo se detuvo de forma tosca y repentina.  Su visión, colmada de un desconcierto pasmoso, pronto se vio llenada por una veloz oscuridad creciente. Al cabo de unos instantes, la inescrutable umbra le terminó por tragar.

Una blanca luz cegadora le saturó la vista mientras ella permanecía inmóvil. Un pie arriba en el autobús y otro abajo, en el suelo. Completamente atónita se quedó observando su pie derecho, incapaz de comprender que acaba de pasar. Una voz pastosa le hizo reaccionar.  

—Señora, no tengo todo el día ¿Va a subir o no?

—Yo, yo… ¿Qué? ¿Cómo…?

—Decídase rápido por favor, hay gente esperando.

—No, yo, yo —Un flash le paso por los ojos. Los rosados labios de aquel individuo, a quien no lograba memorizar su timbre, pero sí el movimiento de sus labios: No subas al autobús, le pareció entender—. … Lo siento, perdón. Me quedo…

Magda retiró su pie y el autobús arrancó con enojo.

—Vieja loca. Hacerme perder el tiempo con sus ridiculeces.

Confundida y sudorosa, contemplo sus manos temblantes. La cara la sentía fría y el corazón atenazado. Al cabo de unos minutos de analizar, si fue un sueño o no lo ocurrido, se dijo a sí misma: No pierdo nada con faltar un día… ¿verdad? Creo que mejor me iré a dar un paseo por el pueblo. Mejor, sí, mejor.

Fin





Orbaya

Mientras espero que el semáforo se ponga en verde no recuerdo haberme sentido tan solo nunca. Después de lo que ha pasado cualquier nexo con la realidad ha desaparecido. Mientras camino por la calle me siento vacio, tanto que creo que si soplase algo de viento saldría volando. Y lo peor es que sería un alivio. Desaparecer y dejar todo atrás, nadie me iba a echar de menos. Da vértigo pensarlo, si ahora mismo desapareciese, literalmente nadie iba a notarlo. Quizás en uno meses comenzaran las llamadas del banco al ver que las facturas seguían llegando y los números cambiaban de color. Pero hasta llegar a eso pasarían algunos meses. Pensándolo bien, el primero que me echaría en falta seria el cartero. El pobre hombre no sabría que hacer cuando siguieran llegando revistas y mi buzón estuviera lleno. Esa maldita revista sobre caza y pesca a la me suscribí por la insistencia del comercial y que siempre me dio demasiada pereza darme de baja.
Morir ahora mismo no supondría nada. Ni siquiera un alivio, sería como apagar la televisión después de ver una insulsa película de mediodía, simplemente dar el siguiente paso por inercia, una concatenación  sin un porqué y sin trascendencia.
¿Qué cambiaria si yo desapareciera? Nada. Y no hablo de que el mundo tenga que pararse al notar mi falta, no. Ni si quiera para mí sería un hito importante, porque para sentir la muerte hay que tener una vida y yo hace tiempo que deje de vivir.
Llego hasta el viaducto y miro hacia abajo. Un simple gesto, cuatro o cinco segundos  de caída y ya. Continuo andando, lo mismo da.

viernes, 22 de mayo de 2020

Pangolín y Papaya 10

- He oído que en un zoo de Hong Kong unos pandas han conseguido aparearse.
- ¿Y eso es noticia? – dice Pangolín sin entender nada.
- Según parece, sus cuidadores llevaban 10 años intentándolo. Y como con el rollo del confinamiento no hay gente en el zoo, están tranquilos y han conseguido echarse un revolcón.
- ¿Diez años? Tenía que estar que estar el panda más salido que el pico de una mesa. Yo llevo dos meses y estoy más caliente que el palo de un churrero. Voy que me restriego con las almohadas… el otro día me quede mirando a doña Carmen tendiendo su ropa interior…¡sus bragas! ¡Las XL color beige!
- Siempre te queda el recurso de tu viejo amigo el Doctor Hot Sugar Papaya… - Pangolín le mira incomodo sin saber hasta que punto está de broma - Papaya ¿Por qué los adivinos no pueden tener hijos? – dice intentando soltar tensión.
- ¿Por qué, Pangolín?
- Porque tienen las bolas de cristal…

jueves, 21 de mayo de 2020

Pangolín y Papaya 8

- Tú tenías un sobrino ¿no? – pregunta Papaya en cuanto entra en casa con una barra de pan y un refresco de cola en la mano.
- Sí ¿por qué lo preguntas? – contesta Pangolín mientras, sentado en el sofá, agita las manos para intentar desvanecer el humo del tabaco.
- Pues porque ahora parece que con un niño si puedes salir a la calle. Podías hablar con tu hermana para que nos lo deje y lo sacamos a pasear.
- Tío, que no es un perro.
- Ya, ya. Pero el pobre querrá salir a que le dé el aire… ¿sabe hacer su cosas solito o aun usa pañal?
- Pues joder, tiene doce años, si aun usa pañal tiene que pasarlo mal en el colegio… Ya es un macho adulto, hace mucho que se le cayeron las escamas de leche.
- Bueno, yo que sé. No entiendo mucho sobre crías de mamífero. La cosa es conseguir un niño como salvoconducto.
- De niño tiene poco ya, menudo cabroncete está hecho. Según me cuenta mi hermana está todo el día con la doble P: play y pajas
- Uy... espero que no se masturbe mientras le paseo.
Pangolín le mira intentando poner mala cara, pero en realidad se lo está empezando a plantear. ¿Qué  hay de malo en dar una vuelta al chaval? La verdad que hace días que se le acabó la hierba y está que se sube por las paredes – ¿oye Papaya?
- Dime Pangolín
- Está un tipo cenando en un bar de carretera y de repente llama al camarero. Cuando llega el típico camarero veterano, el cliente le dice: Este filete tiene muchos nervios… Y el camarero que ha dado más vueltas en la vida que un tonto en una feria, le responde: Normal, es la primera vez que se lo comen…

miércoles, 20 de mayo de 2020

Pangolín y Papaya 7

- ¿Sabes quién es el bombón del 3b?
- Ni idea Papaya, no me fijo en tíos.
- Un tío moreno y alto...
- Ah, sí. Creo que le he ignorado alguna vez en el portal.
- Pues es gay.
- ¿y tú que sabes?
- Pues el otro día subí a la terraza del ático a hacer Pilates y me lo encontré – Antes de que Pangolín proteste continua rápidamente – lo sé, sé que me dijiste que está prohibido y que no subiera, pero necesitaba aire o me iba a volver loca. Pues resulta que nos liamos. Si, no me mires así, llevo aquí tres meses y ando más caliente que el cenicero de un bingo.
- Así estamos todos y no nos ponemos a follar en las zonas comunes.
- Si tú no fueras tan estrechito andaríamos más relajados los dos. – dice Papaya con una sonrisa.
- Que pesado macho, ya te he dicho que por el ojete ni el bigote de una gamba - a pesar de la rotundidad, Pangolín se queda pensativo. La verdad que él también está necesitado de un buen revolcón. Mira a Papaya y nervioso decide cambiar de tema - ¿Qué le dice una impresora a otra?
- ¿Qué le dice Pangolín?
-¿Esta hoja es tuya o es impresión mía?


domingo, 17 de mayo de 2020

¡Un nuevo reto!

¡¡¡Nuevo Reto Literario!!!


show freestyle stunts motocross acobracias y saltos espectaculares ...



Y el tema a desarrollar en está ocasión será: Al filo del peligro.

Crea, a tu gusto, una situación, o una experiencia, cercana a la muerte. Puede ser desarrollada a placer. Una escena de Hollywood, un caso de la vida real. un pasaje de Fantasía;  trama tipo novela negra. Pueden utilizar una pelea a muerte, un relato sobre desastre natural, etc. El objetivo es causarle al lector angustia y emoción. Abarquen el tema como mejor les plazca. Usen humor si quieren, O no. Y, usen primer o tercera persona para narrar.

Extensión: ¡Sin limite! ¡Desatrámpense! : No se contengan, y rompan la cuarta y quita dimensión.


Tiempo: Para el 24 de mayo. Sean puntuales. ;)

Pangolín y Papaya 6

- Un mes llevamos ya desde que se anuncio la vacuna y aquí seguimos, encerrados en casa y poniéndonos como cerdas.
- Una cosa es que se descubra y otra que nos llegue a los don nadie. Nosotros seremos los últimos monos – mientras habla, Pangolín observa a su compañero medio tumbado en el sofá. En esa posición se le forma una pequeña pancita donde antes lucia los abdominales. Hace tiempo que se olvidó de las tablas de ejercicios y los zumos de fruta de frutas exóticas. Últimamente recurre a los procesados para intentar ahogar la ansiedad.
- Pues yo necesito ir a la estética a que me hagan la depi.  Entre las ojeras y estas cejotas, parezco un mapache de resaca.
- Yo no sé porque te quejas tanto Papaya, yo todo lo que sea no tener que currar... además ¿tú no eras antivacunas? Decías que eran herramientas del gobierno para controlarnos y que dejaban a los niños tupis
- Pero esas son de otro tipo, las que nos imponen la industria farmacéutica para llenarse los bolsillos...
- Ah... ¿pero esta vacuna si la quieres no? - Pangolín se ha levantado a por algo de picar y mientras lo hace aprovecha para seguir divirtiéndose a costa de su compañero.
- Es diferente...
- Es decir ¿que renuncias al reiki como salvación, no? - dice cuando se sienta en el sofá sin ofrecerle  a su compañero.
- ¡Dame la maldita bolsa de patatas y déjame tranquilo! - mientras Papaya devora sin medida y prácticamente sin masticar, Pangolín mira por la ventana.
- Papaya... ¿Te sabes el de la hija del militar?
- No Pangolín.
- Pues es una chica  que va a hacerse las pruebas para entrar en el ejercito. Al volver a casa cuando su padre le pregunta que como le ha ido, la chica le dice que le han rechazado por ser demasiado baja. Entonces el padre dice: vaya, en el ejército no se andan con chiquitas...

sábado, 16 de mayo de 2020

Pangolin y Papaya 5

- Me he cruzado con tu amigo ese, de las gafitas - dice Papaya en cuanto entra por la puerta.
- ¿Quien? - Responde Pangolín rascándose las escamas de la cabeza.
- Sí, ese que parece medio tonto. Que está saliendo con la rubia esa de las orejas que también parece que le falta una patatita para el kilo.
- ¡Ah! Elver, Elver Galarga, un maquina.
-¿Eh? - Papaya pone cara de no entender nada mientras sostiene aun las bolsas en medio de la cocina.
-Nah, déjalo.... ¿Y qué has comprado? ¿Has pillado birra? ¿Cómo puede ser que me tengas a agua si vas todos los días a comprar? Eso sí, tenemos la casa llena de papel higiénico. Como haya un incendio va a parecer esto las fallas.
- Un poquito de fruta y levadura. Que voy a hacer pan. - Papaya comienza a vaciar las bolsas.
- ¿Y desde cuándo haces tú pan?
- Yo que sé, me relaja. Ya que no me como ni un colín por lo menos amaso algo.
- Oooooouuuuuuiiiii – retumba de repente. Ambos compañeros se miran y van rápidamente hasta la ventana del patio. Al asomarse ven a Jaba con medio cuerpo fuera, apoyado sobre el alfeizar de su ventana y desnudo enseñando todo el pelaje alborotado - oooouuuuuiiiii!!! ¡¡¡Chicos se acabó!!! ¡¡¡Han encontrado la vacuna!!!¡¡¡ Toda esta mierda se ha terminado!!
Locos de alegría, Pangolín y Papaya se miran y, con lágrimas en los ojos, se abrazan. No se pueden creer que después de todo este tiempo juntos vaya a acabar el sufrimiento. A partir de ahora serán más libres, ya no tendrán que estar confinados dentro de estas cajas azules. Lo lógico sería que se sintieran aliviados. Pero en un rinconcito de su corazón hay una brizna de melancolía. Echaran de menos a sus compañeros, las risas, los retos, los corazones...incluso a esa gente que escribe sobre la angustia vital que les supone el que se les acabe la suscripción al Netflix.
Pangolín se suelta del abrazo y mira a su compañero. Le ve con la cara desencajada en una mueca que no consigue saber si es de alegría o de pena. Incomodo, piensa que tiene que decir algo.
- Oye Papaya
- Dime, Pangolín.
- Esta mañana me caí y pensé que me había roto el peroné....perono.

miércoles, 13 de mayo de 2020

Pangolín y Papaya 4

- Pangolín, no sabes lo que me ha pasado cuando volvía de comprar.
- Dime, Papaya – contesta desde el sillón mientras ve como su compañero aparece por la puerta con una bolsa repleta en cada brazo.
- Pues iba con mi camisa Mao blanca y mi mascarilla por la calle cuando oigo aplausos por encima de mí. Levanto la cabeza y veo a una madre con su hija al lado en un balcón. La madre le decía: mira un medico que viene de trabajar. Yo no sabía que decir, claro. Y tanto aplauso que han empezado a salir vecinos y se han unido al jaleo. Como quince personas aplaudiéndome. Yo de primeras súper cortado, pero luego me he venido arriba. He dejado las bolsas en el suelo y he empezado a bailar. Moviendo las caderas con frenesí, tanto que la gente me ha imitado, uno incluso ha sacado un altavoz por la ventana y ha puesto a Ricky Martin a todo trapo. He estado disfrutando de la efímera gloria hasta que ha aparecido una patrulla de policía por la esquina y disimuladamente me he esfumado.
- Macho, lo que no te pase a ti...y lo que te gusta la jarana
- Me hacía falta perrear un poco delante de público la verdad. Tú cada vez que pongo salsa te encierras en tu cuarto.
- La idea de verte en shorts no es muy estimulante.
- Si esto no acaba pronto nos vamos a volver locas. Además estoy engordando por momentos.
- Hombre, es que te estás dejando un poco...
- ¿Qué me quieres decir con eso? - dice Papaya levantando una ceja.
- Quiero decir... la primera semana te lo tomaste más en serio, hiciste una planificación del menú semanal y una tabla de ejercicios que seguías a rajatabla. Ahora para endulzar el café has pasado de echarle estevia a deshacerte media magdalena y removerla con la cuchara - dicho esto Papaya pone la docena de huevos sobre la encimera en un golpe tan brusco que Pangolín teme por la tortilla de patata que se iba a hacer por la noche. Un silencio, solo roto por el ruido de las bolsas de plástico, invade la cocina - ¿Papaya?
- Dime – dice secamente.
- ¿Qué es verde por fuera, rojo por dentro y sube y baja?
- No sé, Pangolín...
- Una sandia en ascensor.

martes, 12 de mayo de 2020

El fin de Florín


Delfina llegó a casa con el rostro pálido y la razón fuera de lugar. Sin dar explicaciones ordenó, a todos, con el poder que da la determinación, no dar un chapuzón más en la piscina.
Florín, su hijo de cinco años, que se encontraba aprendiendo a nadar con sus primos, se negó, con los brazos cruzados, a salir del agua. La escena que se montó para sacarlo a la fuerza marcó un antes y un después en la vida del chico.
Advertido y amenazado por su madre, Florín creció con el pánico en su interior. Gestó tan profundo temor hacia el agua que llegó a afectar a su carácter. Taciturno, empezó a mirar a la gente con los ojos entornados; con la boca apretada, y los puños cerrados.
Los días de verano pasaban lentos, sofocantes. Cada noche aparecían las pesadillas y Delfina perdía el sueño por culpa Lola, la pitonisa que, una y mil veces aparecía delante de una bola con la visión de una desgracia.
—Veo un seis, espera, hay algo más. —dijo, con la mirada puesta en un futuro incierto.
—A ver Lola, yo vengo a preguntar por la infidelidad de mi marido ¿qué ocurre?
—Un giro en tu vida. Debes extremar las precauciones. El agua. Que nadie se acerque al agua.
Delfina odiaba el verano con locura, no se cansaba de advertir a su hijo de cada peligro que acechaba, pero, Florín se había vuelto un trasto. Cazaba hormigas, ranas y culebras de agua. Un día entró por la puerta con una serpiente enroscada a su brazo.
— ¿Madre, sabe usted si esta serpiente es venenosa?
— ¡Me matarás a disgustos! ¡Niño, esos bichos son peligrosos! —gritaba la madre como loca al verlo.
A pesar de los sufrimientos que su hijo le daba, Delfina veía crecer a Florín. Cada año era una prueba superaba. Jubilosa, pensaba que la parca le estaba perdonando la vida. Sabía que tarde o temprano las brumas de la muerte acabarían por llevarse a su pequeño demonio, pues, Lola se lo había dicho.
Aunque aquella predicción apareció como una sombra que lo acompañó por siempre oscureciendo su adolescencia hasta bien entrada la madurez, Florín cumplió veinte años y su madre celebró una gran fiesta por varias razones: porque había burlado la premonición de la pitonisa. Y porque el niño seguía en la tierra.
Delfina sintió gran satisfacción. Florín se hizo mayor. Le dio nietos. Ya podía morir tranquila sabiendo que lo había salvado de morir ahogado, aunque en su herido fuero interno, en más de una ocasión, lo habría cumplido con sus propias manos, porque desde niño se volvió malo.
Pasaron los años y todo quedó en el pasado, olvidado. Hasta que la esposa de Florín, cansada de los miedos de su esposo, le propuso poner fin a aquel sufrimiento. Ese mismo día tenía cita con una prestigiosa psicóloga para tratar su hidrofobia. Después de unos meses de tratamiento, Florín se sintió con fuerzas.
Una calurosa tarde de verano, Florín se dio un baño en su piscina como venía haciendo desde que superó el pánico. Disfrutando del agua, sin saber porqué, por su mente pasó, como una aparición, su madre con la cara blanca gritaba: ¡sal del agua, malnacido! A Florín se le acabó el tiempo, también se le detuvo el corazón a los 66 años de edad.
Su esposa advirtió  que su marido flotaba sobre el agua más tiempo de lo normal. Lo hacía con frecuencia.
Quien iba a pensar que no se estaba haciendo el muerto sino que se había muerto de verdad.

12/05/2020



lunes, 11 de mayo de 2020

Yumiko

Yumiko era una niña con dos zapatos, y nariz, también tenía una nariz. Era una niña larga y ancha, más larga que el árbol que había fuera del colegio. A Yumiko le gustaba pegar a las niñas que no eran largas. A Makochan también.

A Makochan la arrastraba por la arena, también le rompía los mangas, le pegaba delante de todas las niñas. Makochan lloraba y lloraba, pero era resistente como un daruma de juguete. Y siempre aguantaba sus porrazos. A Makochan le gustaba la luna y las estrellas, y soñaba algún día con ser una nube de algodón de azúcar, y volar lejos a un mundo kawaii lleno de niños de animes que le gustaban.

Yumiko un día, cogió el almuerzo de Makochan y se lo tiró a la cara. Makochan saltó como un gatito y comenzó a lamerse las patitas. Yumichan se enfadó más. Makochan se rió fuerte, cogió el almuerzo de Yumichan y se lo tiró al suelo, y comenzó a pisarlo. Se fue cantando. 

Y eso es todo, señor director.

—Puedes irte, Onegashi. Hablaré con tu mamá.

EL COMEBOLLOS



Me dijeron que dibujara el monstruo más feo, y yo pues dibujé a un niño muy malo y gordo que siempre me pega y me quita los bollycaos. Es feo y huele mal, eso es así.

La señu me dijo que explicara quién era ese monstruo, pero claro, ese monstruo estaba en la clase en ese momento, no podía decirle a la señu. Ella me miró con su cara de patata y su nariz de boniato, pero yo no le dije nada porque la señu no sabe que le tengo más miedo a ese niño que a ella.

Miré para la mesa de ese niño, era gordo, tenía el pelo sucio y redondito, su cabeza era parecida a una bola de queso, su olor también,
y llevaba un jersey de rayas azules, se metía su dedo gordo en la nariz, y escupia unos salivajos mortiferos a las moscas que se atrevían a meterse en su territorio, a veces mataba alguna. Yo le tenía miedo porque el resto de niños le hacían caso a ese niño, y eso era como ser un rey de esos de las pelis chulas en las que todo el mundo hace caso al rey. Yo no soy un rey pero tengo mucha imaginación. El gordo del Toni, se llama Toni el gordo, Toni es gordo y redondo, me pega y me quita el Bollycao porque es un bollo, y a él le gustan los bollos, también porque tiene pegatinas, pero eso no me importa. Lo que pasa es que tiene que quitarme el almuerzo, eso es lo que hace ese gordo. La señu me mira con su nariz de boniato pero no sabe lo que escondo. Es mi secreto, el dibujo del monstruo gordo es de Toni el comebollos, así le llamo yo.

La señu me miraba otra vez, y otra vez me preguntaba lo mismo, que quién era ese monstruo, y yo, que ya estaba cansado de aguantar su mirada de huevo frito sin sal, me cansé del todo. Me puse de pie y lo dije en voz alta: "¡El monstruo de mi dibujo es Toni el comebollos!". Toni me miraba y se apretaba los puñitos, yo me volví a sentar, la señu me miró con cara de no creerme.

Aquel día me fui a casa sin pensar en lo que me pasaría al día siguiente. Pero, oye, me quedé muy feliz después de decir delante de todos que el monstruo de mi dibujo existía de verdad.

domingo, 10 de mayo de 2020

El niño más feo del mundo


Hay muchas razones por las que no quiero jugar con Julián, la primera, porque la mamá le manda sándwich de huevo, la quinta porque le gusta el brócoli y el apio y eso es raro y Rebeca me dijo que solo las brujas y los extraterrestres comen bróccoli. La tercera razón por la que no juego con Julián es  porque tiene unas gafas grandotas y la cuarta, no sé… Pero  la segunda es porque colorea mejor que yo y nadie puede colorear mejor que yo…

Las profesoras le dan todas las estrellitas doradas y ya no tengo ninguna en el cuaderno. Le pregunté a Laura porqué Julián colorea mejor que yo y ella dice que Mateo le había contado que en realidad era un robot coloreador.  

Además mi mamá siempre me dice: Haz como hace Julián, que no riega la comida. Haz como Julián, que se lava las manos. Mi mamá cree que Julián hace todo bien y eso no es normal. Pero mi mamá no sabe que Julián a veces se saca los mocos y los pega en el pupitre y que la vez pasada llevó un chicle a clase y que eructa muy duro y los pies le huelen a feo cuando entra a la arenera…

Si mamá quiere que sea como Julián debería llevárselo a él y dejarme a mi con la mamá de Julián que siempre me regala dulces y dice que soy bonita. La vez pasada le dije a mi mamá que si lo quería tanto que se quedara con julián y yo me iba con la mamá de él, pero era de mentiritas.  Y ella se quedó pensándolo. 

La vez pasada Julián estaba solo en el parque y la profesora me obligó a jugar con él y él cogió una lombriz del pasto y se la metió a la boca, y cuando empecé a gritar me dijo que estaba rica y que si quería probarla.  Es que Julián es muy raro y yo creo que es malo. Porque los niños normales no comen lombrices pobrecita la lombriz, ojalá esté bien y ojalá le muerda las tripas...

Lo peor de Julián es que cuando su mamá viene a la casa me tiemplan el pelo y me dejan los ojos como esas niñas que comen con palitos en las películas y  después de que mi mamá me jala el pelo, lo mandan a jugar conmigo y él también me jala el pelo y la falda y me da mordiscos en la mejilla y  me dice cerdita y me pega en la nariz y cuando yo le pego se pone de malgenio y le dice a mi mamá y mi mamá me regaña y no me deja jugar con Tobi y julián si puede jugar con Tobi y no se vale.

Y lo peor no es eso, sino que mi  mamá y su mamá nos dicen que nos abracemos y nos demos un beso y Julian...  ¡Guácala, siempre me pone esa boca rosada y babosa en la mejilla como si fuéramos grandes! Y Mariana me dijo que las babas tienen unos animalitos chiquitos que enferman a los niños y se llaman micobrios.  Y Julián me llena de esos animalitos. Y eso me da miedo.
Eso y que mi mamá me cambie por Julián... porque él sí hace todo bien.

Acusica


—¡Miren, miren! —llegó Sofia corriendo desde el patio trasero— Lo encontré allá atrás escondido entre las plantas del jardín.
—A ver, a ver —Dijeron entusiasmados sus compañeros de clase—. Pero ¿qué es eso?
—Es un…
—A ver. Déjenme pasar. Yo también quiero ver. Déjame ver eso que tienes en las manos, Sofia —Habló Pedro, a lo lejos. Un niño un año mayor que los demás.
—No, tú no… —Sofia protegió celosa su tesoro.
—Anda, déjame ver —Pedro puso su mejor cara.
—Mmhhh... Bueno. Pero no lo vayas a asustar…

Antes de terminar de hablar, Pedro esbozó una maliciosa sonrisa y... ¡Pas!
Justo cuando Sofia extendió las manos para mostrar su contenido, un fuerte manotazo proveniente desde abajo impulsó a salir volando lo que fuese que estaba resguardado.

—¡No, mi animalito!

Todos lo vieron volar, y caer.

Cayó. Hizo un ruido sordo al tocar el suelo, y luego, después de los giros de patas en el aire y el brusco golpe, comenzó a saltar a hacia su libertad.

—¡Se escapa! —Gritaron todos—. A por él.
—No, no, no. Es mío ¡Yo lo encontré, déjenlo!

—¡Ay, miren, pero sí está bien feo! —Exclamaron varios niños al ver de cerca al acorralado animal.
—Sí, es bastante feo —Pedro expresó su falso descontento—. Mejor estaría muerto.
—No, no, ¡no le hagan nada!

¡Crack…! Crujió, se hundió. Sus ojos se hincharon, sus costados reventaron. Ruptura de pequeños huesos seguido de un desparrame de líquidos viscosos.

—¡¡¡No!!!
—Agh. Qué asco. Me ensució los zapatos. Vean lo, feo por fuera, feo por dentro.

Sofia se quedó ahí, inmóvil, pasmada, mirando la atrocidad. Al escuchar pasos en retirada, levanto la mirada, y frunció fuerte el ceño.

—Eres malo, Pedro, ¡eres malo…! —Sofia, con las lágrimas amenazando salir, apunto con su dedo a Pedro— ¡Te voy a acusar con la maestra!

Pedro se encogió de hombros, y siguió caminando.

—No me importa. —Pedro dijo y continuó alejándose, como si lo ocurrido nada tuviera que ver con él.
—Entonces... entonces —Sofia apretó los puños y exclamó—, ¡le diré a tu mamá!
—Dile, dile —Pedro dijo despreocupadamente mientras agitaba su mano, como espantando una molesta mosca imaginaria— Haz lo que quieras, niña tonta.

Sofia tenia los ojos inquietos y los labios apretados. Buscaba desesperadamente en su infantil mente alguna respuesta más contundente. Entonces... llegó. Y se dijo a sí misma: Entonces... 

—Le diré a tu papá… —Dijo furiosa Sofia entre dientes, y echo a correr.

Pedro se detuvo, se estremeció. Y al voltear, vio a su padre ingresar por la puerta del colegio, y a Sofia, yendo a encontrarle.   







Perro negro

Esos enormes colmillos…me dan mucho miedo. El enorme perro me los enseña mientras me ladra una y otra vez. Su pelo es todo negro y de la boca le salen babas de lo enfadado que está. Yo intento escapar de ahí, pero mis pies no me hacen caso. Miro hacia abajo para ver qué pasa. Veo  mis piernas con mi pantalón corto que deja a la vista mis pies descalzos. Noto como el perro negro cada vez está más cerca y me revuelvo empapado en sudor. Sus ojos feos  me miran mal, está hambriento de mí. Si pudiera me comería en un periquete.  Cierro la puerta de casa para alejarle, pero da igual porque al segundo vuelve a estar a mi lado mostrándome sus dientes. Del susto empiezo a gritar mientras muevo las manos y los brazos. Sus ladridos resuenan en mi cabeza, como si estuviera dentro de un tambor. Todo está oscuro y solo veo sus colmillos

Merceditas


     ¡Es mala!
     ¿Quién es mala, corazón?
     Merceditas, es mala, mamá.
     ¿Y por qué es mala?
     Se pone encima de la escalera y cuando vamos bajando todos los niños aprovecha y me empuja para hacerme caer y que se rían de mí, y ella también se ríe, y yo me hago daño.
     ¿Dónde te has hecho daño, garbancito?
     Aquí, en la rodilla, tengo pupa y duele, ¿ves, mamá? Me se han roto las medias, ahora ya no estoy guapa y ya no puedo jugar a mamás y a papás.
     Claro que puedes jugar a mamás y a papás.
     ¡No, mamá, no puedo! Porque Merceditas me empujó por las escaleras y me se rompieron las medias y entonces ya no puedo jugar en el patio a mamás y papás y ser la mamá porque ya no estoy guapa.  Merceditas nunca me deja ser la mamá, siempre tiene que ser ella. Y yo hoy iba en falda, mamá, y ella no, entonces me tocaba a mí ser la mamá, eso es lo que dice ella siempre: “quien vaya en falda es la mamá”; pero ella me empujó y dijo que una mamá no tenía las medias rotas, y fue ella la mamá; y las otras niñas nunca le dicen nada. Yo quiero ser la mamá. ¿Por qué nunca puedo ser la mamá, mamá?